En medio del desierto de sal más extenso de Estados Unidos, a 40 kilómetros al este de Wendover, Utah, se levanta una enorme estructura. No es un árbol, aunque así lo llaman. Es una escultura de 27 metros de altura que Karl Momen (1934–2024) construyó entre 1982 y 1986, después de haber tenido una visión mientras manejaba su auto por la Interestatal 80.
El artista sueco-iraní, formado en arquitectura en Stuttgart y alumno del pintor surrealista Max Ernst, imaginó un árbol donde no podría crecer ninguno: las Bonneville Salt Flats, ese mismo paisaje que la tripulación del Enola Gay utilizó para practicar bombardeos antes de partir hacia Hiroshima.
Metaphor: The Tree of Utah, también conocido como el Árbol de la Vida, de alguna manera es una respuesta a eso. Un rapto de color y forma que provoca algo único en la postal casi monocromática que la rodea. La escultura se compone de un tronco cúbico y anguloso que sostiene seis esferas multicolores recubiertas con rocas nativas de Utah. En la base, varios fragmentos esféricos huecos descansan sobre la sal como hojas o cáscaras caídas.
La estructura completa pesa 875 toneladas; fue construida con 225 toneladas de cemento, casi 2000 azulejos cerámicos importados de Italia, 5 toneladas de varillas de soldadura, 100 toneladas de roca de crisocola y 160 toneladas de acero. Cada esfera está recubierta con minerales locales que cambian de tonalidad según la luz y el clima. Y todo fue financiado personalmente por Momen, a un costo superior al millón de dólares, cifra que lo obligó a sacrificar parte de su patrimonio personal y a recurrir a préstamos.
La obra fue inaugurada en enero de 1986 con una placa que cita la “Oda a la alegría” de Friedrich Schiller, aquella que Beethoven inmortalizó en su Novena Sinfonía. Momen la donó al Estado de Utah y regresó a Suecia. Los lugareños, perplejos, la apodaron burlonamente “las albóndigas de Momen”. Con el tiempo, el rechazo se transformó en curiosidad, y la curiosidad en devoción por esta suerte de culto de carretera. El árbol se volvió punto de referencia para viajeros, fotógrafos, artistas y amantes de las rarezas de las rutas estadounidenses. Tanto, que la policía tuvo que empezar a multar a los que se paraban a hacer fotos.
El Árbol de Utah está ubicado en el lado norte de la Interestatal 80, a unos 150 kilómetros al oeste de Salt Lake City (40 kilómetros al este de Wendover). A pocas horas en auto de otras dos obras conocidas en la carretera: la mega estructura laberíntica Spiral Jetty de Robert Smithson y los Sun Tunnels de Nancy Holt, unos cilindros de hormigón instalados en forma de cruz en medio del desierto. Pero Metaphor, por su altura, sus colores y su forma, despierta otra cosa.
Su fama creció de manera orgánica, impulsada por redes sociales, documentales y hasta programas de televisión. Actualmente, la escultura está rodeada por alambre de púas para evitar el acceso directo. No hay rampa de salida, ni estacionamiento, ni oficina de información turística. Solo el árbol, visible a 27 kilómetros de distancia, como un faro inmóvil en el mar blanco de sal.
En 2011, Momen propuso construir un centro de visitantes con museo, cafetería y una sala de meditación con vistas panorámicas a las planicies. Pero el proyecto nunca se concretó y el artista murió en abril de 2024, a los 90 años.
En una entrevista con el periódico local The Salt Lake Tribune de 2017, Momen explicó que hizo la escultura por su amor por el desierto y reveló que solo entre agosto y septiembre de 2015 se habían enviado 1,2 millones de fotos del árbol a todo el mundo por teléfono. “Su conocimiento está muy extendido”, explicaba el artista. “A veces, en verano, hay tantos coches estacionados que llegan varias patrullas de carreteras y les hacen multas. La gente, sin importarle, las paga. Quieren sacarse una foto con su familia. A otros no les gusta, pero tienen una opinión diferente. Eso es lo mejor de una obra de arte”.





















