Jueves, 05 Febrero 2026

Torre del Fantasma, de Guillermo Álvarez Pérez

Entre la historia y la leyenda, la torre modernista erigida hace más de un siglo en el barrio de La Boca, sigue alimentando uno de los relatos más inquietantes del imaginario porteño.
Por Martín Sassone

 

En una esquina discreta pero cargada de misterio del barrio de La Boca se alza una construcción que, desde hace más de un siglo, alimenta una de las leyendas urbanas más inquietantes de la Ciudad de Buenos Aires. Se trata de la conocida Torre del Fantasma, un edificio de impronta modernista catalana cuya historia combina riqueza, arte y supuestos fenómenos sobrenaturales.

La edificación fue levantada en la década de 1910 bajo la dirección de Guillermo Álvarez Pérez, un arquitecto español que dejó su huella en distintos rincones de la ciudad, autor también del célebre Edificio del Arco en el barrio de Constitución. El proyecto fue un encargo de María Luisa Auvert Aurnaud, una de las estancieras más acaudaladas de la Argentina de comienzos del siglo XX. Originalmente contemplaba un edificio de rentas, pero la magnitud y el refinamiento de la obra llevaron a su propietaria a instalarse allí junto a su personal de servicio.

La torre, ubicada en el cruce de las calles Almirante Brown, Wenceslao Villafañe y Benito Pérez Galdós, fue decorada con mobiliario y detalles traídos de España, especialmente de Cataluña. Los balcones se poblaron de plantas exóticas, entre ellas hongos conocidos por sus propiedades alucinógenas, un dato que con el tiempo se volvería central en la construcción del mito.

Con el correr de los meses, comenzaron a producirse hechos que despertaron inquietud entre los empleados. De acuerdo con los relatos que circularon en el barrio, por las noches se escuchaban gritos, golpes y ruidos inexplicables. Uno a uno, los trabajadores abandonaron el lugar, hasta que la propia Auvert decidió retirarse y recluirse en una de sus estancias rurales.

La torre principal fue entonces alquilada a una artista plástica, quien instaló allí su atelier atraída por la vista panorámica del Riachuelo y la luz natural del edificio. La pintora recibió la visita de una periodista que realizó una entrevista y fotografió tanto los ambientes como las obras en proceso. Días después, la artista se arrojó desde lo alto de la torre en un episodio que conmocionó a la zona y que nunca logró una explicación concluyente.

El episodio sumó un nuevo capítulo perturbador cuando, al revelar el material fotográfico, la periodista aseguró haber detectado en una de las imágenes la presencia de tres figuras extrañas que parecían rodear una de las pinturas. Aquellas siluetas, rápidamente asociadas a “duendes”, alimentaron la fama siniestra del edificio.

Impulsada por la curiosidad, la cronista buscó a la antigua propietaria. Durante ese encuentro, Auvert habría vinculado los sucesos a antiguas creencias catalanas sobre seres que habitan en determinados hongos y que, bajo ciertas circunstancias, pueden tornarse hostiles. Según esa versión, los fenómenos podrían explicarse tanto por efectos alucinógenos como por la existencia real de entidades malignas.

Vecinos de La Boca afirman que todavía se escuchan ruidos inexplicables, pasos y lamentos durante la noche. La Torre del Fantasma se mantiene viva en el imaginario porteño, como un edificio donde la historia y la leyenda se cruzan y desafían el paso del tiempo.

 

 

 

 

 

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