Miércoles, 25 Marzo 2026

Laura Hakel: “El desafío de la curaduría hoy es defender la investigación artística”

La curadora de la Colección y Proyectos artísticos de la Fundación Ama Amoedo compartió su mirada sobre el arte latinoamericano y cómo se inscribe en el contexto de diálogos globales.
Por Mariana Gioiosa
Foto: Rosana Schoijett. Foto: Rosana Schoijett.

 

Laura Hakel es una de las curadoras argentinas con mayor proyección internacional. Su trayectoria combina investigación, trabajo institucional y una sostenida participación en proyectos internacionales que ponen en diálogo el arte latinoamericano con el circuito global. Formada en la Universidad de Buenos Aires y con una maestría en estudios curatoriales en el Center for Curatorial Studies Bard College, previo a su labor en la Fundación Ama Amoedo, fue curadora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y formó parte del equipo curatorial del New Museum en Nueva York. 

A lo largo de su carrera también ha sido convocada como asesora en premios, becas y programas de formación artística, espacios donde se definen muchas veces las primeras oportunidades de visibilidad para nuevas generaciones de artistas. Ese rol se volvió especialmente visible este año con su participación en el jurado del ARCOmadrid 2026, una de las ferias de arte contemporáneo más influyentes de Europa. Allí integró el comité encargado de otorgar el Premio a jóvenes galerías y artistas de la sección Opening / Nuevas galerías. Su trabajo ha estado atravesado por una pregunta persistente: cómo acompañar y pensar las prácticas contemporáneas desde América Latina.  

 

—Tu foco de interés es el arte latinoamericano, ¿cómo te llegó la invitación a participar del programa Opening / Nuevas galerías en ARCOmadrid y en qué consistió el trabajo?

—La invitación vino de la mano de los curadores de la sección Anissa Touati, Rafa Barber Cortell y Cristina Anglada, quienes buscaron reunir un jurado de profesionales trabajando dentro y fuera de España, en distintas regiones del mundo. Participar medio la oportunidad para prestar tiempo y atención a galerías emergentes de África, Europa y Estados Unidos, además de proyectos de Latinoamérica, donde generalmente está mi foco. Es muy interesante ver cómo los artistas latinoamericanos que participan se inscriben en las conversaciones globales. Fue una sorpresa encontrarme aquí con la galería argentina Linse y la galería Enhorabuena, que es originalmente peruana pero ahora está radicada en España. Y justamente son las que ganaron el primer y segundo premio a jóvenes artistas. Linse con Jullia Padilla y Enhorabuena con la artista peruana Venuca Evanán. 

 

—Cuando se menciona el “arte latinoamericano”, aparece una tensión constante entre la necesidad de construir una identidad propia y el riesgo de quedar reducido a una categoría limitante. ¿Cómo entendés esa dualidad?

—Hay etiquetas que sirven en algunos contextos de diálogos globales, pero que al mirarlas de forma local dejan de ser efectivas. La pregunta sobre si existe un “arte latinoamericano” tiene una historia larga y generativa a la hora de cuestionar qué une, caracteriza o separa culturalmente esta región del mundo. Las respuestas pueden resultar reductivas o esencialistas, pero como motor de pensamiento es una pregunta que tiene vigencia y como sabemos aparece en exposiciones, secciones de ferias y publicaciones. Más que un arte latinoamericano o estética latinoamericana, pienso en artistas que viven en latinoamérica, en sus distintos países y regiones, con sus particulares condiciones de producción, historias y tradiciones. Es extraño que un artista se considere ‘latinoamericano”, en general prima la nacionalidad, la pertenencia étnica, la identidad.

 

—¿Se puede pensar en una sensibilidad o una estética latinoamericana compartida? ¿Qué rasgos o elementos permitirían reconocerla?

—Es importante no forzar una definición donde en verdad hay muchísima diversidad. Quizás una línea a lo largo de toda la región es la escasez de recursos para el desarrollo de la actividad artística y, en contrapartida, artistas con un talento y producciones muy interesantes que desarrollan sus obras más allá del mercado del arte o del acceso a financiamiento. Hay mucha entrega de los artistas a su obra, y urgencia a lo que quieren decir. 

 

—¿El arte latinoamericano está despertando un mayor interés por parte de los museos e instituciones?

—Creo que sí, que hay mucho interés en las producciones de los artistas latinoamericanos, tanto por su calidad y creatividad, como por la relevancia de sus perspectivas y las distintas historias que representan. Cada vez más los artistas de la región aparecen en las programaciones de las grandes bienales e instituciones internacionales, y sus obras son adquiridas para sus colecciones. También veo que hay un creciente interés por el arte de África, Medio Oriente y Asia; en otras palabras, por las escenas diferentes a la europea o norteamericana. En parte son los efectos del revisionismo crítico de los últimos años, que demostró que las narrativas del llamado “norte global” no dan cuenta, como única fuente, de la historia del arte, ni representan en su totalidad la riqueza cultural del arte contemporáneo. 

 

—¿Consideras que es importante que las galerías de América Latina hagan un esfuerzo para participar en ferias como ARCOmadrid? Se presentaron once galerías de Argentina y se estima que más del 35% de las galerías participantes son de Latinoamérica.

—ARCOmadrid representa, además de un mercado del arte, un punto de reunión profesional. Es una feria de gran calidad, con segmentos curados a los que se les dedica mucho tiempo de investigación. Las galerías traen obras importantes pensando en su ingreso a colecciones institucionales y privadas destacadas; y los galeristas buscan entablar diálogos más profundos con los visitantes para presentar a sus artistas. La presencia de las galerías argentinas en la sección principal de la feria es un orgullo. También me interesó el segmento dedicado especialmente a América Latina curado por José Esparza Chong Cuy, donde participan solo-projects de Roberto Jacoby, un artista ineludible, representado por Isla Flotante, y Agustina Woodgate, que está en un gran momento de crecimiento internacional con su presentación en la actual Bienal de Diriyah, representada por Barro

 

—El tema central de la feria fue "El Futuro, por ahora", ¿Cómo lo relacionas con América Latina? 

—Creo que estamos en un momento donde las lecturas lineales del tiempo parecerían ser escasas para entender cómo se va configurando la realidad del siglo XXI. En lugar de pensar en un futuro, conviven varios futuros posibles, ¿cómo nos gustaría que sea ese futuro? y ¿cómo es la agencia del arte en cuanto a construir sus alternativas? Me parece importante que se ponga en relieve el rol constructivo y especulativo del arte a la hora de imaginar y crear el mundo que viene. 

 

—Volviendo al presente, en los últimos años, la figura del curador ha experimentado transformaciones significativas. ¿Cómo concebís hoy la práctica curatorial? ¿Qué desafíos considerás que atraviesa actualmente la curaduría?

—El rol del curador tiene muchas facetas y a mi modo de ver es de mucha responsabilidad. En el plano institucional creo que uno de los desafíos hoy de la curaduría es el de defender la investigación artística: abogar por el tiempo, el sistema y la experimentación que requieren, que en la aceleración del mundo parecerían a veces no encontrar su lugar. Poner en foco al arte principalmente como una forma de conocimiento, más allá de cómo puede ser admitido por el mercado y sus tendencias, creo que es uno de los principales desafíos.

 

 

 

 

 

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