Miércoles, 22 Abril 2026

Daniel Basso: “Lo pretencioso me fascina”

El artista conversó acerca de su lenguaje de desorientación poética en el cual la arquitectura se vuelve objeto, lo industrial deviene en artificio y la escala intensifica la experiencia.
Por Mariana Gioiosa

 

Daniel Basso, oriundo de Mar del Plata, desarrolla su práctica entre la pintura, la escultura y la instalación. Su obra se caracteriza por el uso de materiales industriales, muchas veces asociados a lo fake o lo imitativo que revelan procesos de transformación, artificio y memoria. La materia en sus obras adquiere una dimensión narrativa atravesada por la experiencia y el territorio. En ese cruce, entre lo real y lo aparente, se genera una poética de la “desorientación”. Su producción encuentra un punto de partida en la fotografía, con la cual construyó un archivo visual de su ciudad natal que condensa una particular identidad arquitectónica y social. Ese registro inicial se traduce luego en volumen y espacio que configuran un lenguaje donde la arquitectura se desplaza hacia lo escultórico y lo objetual. La influencia de la imprenta familiar en la que se formó, así como su paso por experiencias colectivas de autoformación como Mundo Dios, resultan claves en la construcción de una mirada que articula lo gráfico y lo industrial. En este entramado, Mar del Plata no aparece como una referencia, sino como un sustrato persistente: la salinidad, la arena, las texturas de la piedra, la lógica estacional del balneario y la fantasía de una ciudad que se intensifica en el verano, atraviesan su obra. 

 

—En 2009 junto a otros colegas fundaste Mundo Dios en Mar del Plata, un prestigioso espacio de clínicas y talleres para artistas. ¿Me podrías contar sobre lo que fue ese espacio y esa experiencia?

—Junto a Juan José Souto, armamos Mundo Dios. Estábamos recién separados de nuestros matrimonios y decidimos alquilar como vivienda uno de los desvanes que estaban al lado del puerto. En ese edificio muy pronto comenzamos a producir muestras, editamos libros, y nos formamos. Fueron muy importantes en esta primera etapa las becas de Fundación Antorchas, la autogestión y las asociaciones con otros artistas y galerías. Al poco tiempo, se sumaron al proyecto Fabián Ramos, Mariano Ulloa, Alejandro Yamandú Rodríguez, y Mariana Pellejero, con quienes realizamos la beca Mundo Dios y un programa para jóvenes artistas de Mar del Plata. Se convirtió en un lugar referente del arte contemporáneo local, que luego se extendió a los artistas de todo el país. Durante un tiempo funcionó en el mismo edificio un hostel, allí participaron grandes referentes como Alberto Goldenstein, Rafael Cippolini y Ernesto Ballesteros. Ernesto hizo más de diez clínicas en ese espacio. 

 

—¿Cómo llegaste a desarrollar el lenguaje que actualmente conocemos en tu obra y qué relación tiene con tu ciudad natal?

—Fue a partir de la fotografía, cerca del 2002 o 2003. Recorría la ciudad y me detenía a observar cosas que atraían mi atención en los diferentes barrios y rincones. Así fue que descubrí los chalets marplatenses, que me interesaron especialmente por la combinación de texturas y materiales. Todo lo que recopilaba en la fotografía, lo traducía de alguna manera en escultura y otras expresiones plásticas, y así fue como se fue armando mi lenguaje. 

—Recuerdo la serie Bijouterie para camiones, con esos enormes aros para el transporte de carga, ¿en esa muestra fue que apareció la utilización de la arquitectura en tus trabajos?

—Sí, recién la pude presentar en el 2008 en la galería Appetite. Fue la primera muestra individual que realicé en Buenos Aires y tardé muchos años desde que se me ocurrió la idea hasta que pude hacerla, porque requería de una gran inversión fabricar todas esas piezas que tenían características industriales como acrílico, termoformado, madera torneada, tapizados y laqueados. 

  

—Es muy frecuente ver algo desmesurado en tus trabajos de gran escala ¿por qué decidís realizar esta operación?

—Mar del Plata es una ciudad de verano y sobre todo antes, que no estaba tan desarrollada la ciudad. Lo que sucedía en el verano tenía que ser espectacular y era el momento para hacer todo, para ganar dinero y vivir de esos ingresos el resto del año. En un período muy corto había mucha expectativa. Esa efervescencia que se vivía en el verano hacía que todo se exagere. También la exageración de la bijouterie que pretende ser de oro y no es, la fórmica que imita un material noble de carpintería. Lo pretencioso y lo fake me fascina. Que tiene que ver con la italianidad también. Soy hijo de italianos. Muchos inmigrantes de Italia fueron a parar a Mar del Plata por el tema de la pesca. Ellos le daban rienda suelta a su imaginación y en lugar de llamar a un arquitecto para realizar sus casas se ocupaban ellos mismos. Las casas de los italianos que les fue bien, se presentan con un exceso en las fachadas o amarraderos de sus barcos, como las barandas doradas en el ingreso de la propiedad.  

 

—En tu trabajo sucede también que desorientas al espectador con los materiales que utilizás, no se sabe si las obras están hechas de plástico o de metal, de piedra pómez o poliestireno expandido, ¿es un efecto buscado por vos?

—Si, es lo que dijo Marta Minujín cuando vio el auto en arteba y la eligió su escultura favorita de la feria en 2024 y la llamó “arte desorientador”; parece de piedra o un material pesado, pero está moldeado en un programa 3D y tallado en Telgopor. Lo interesante del Telgopor para mí es el  poco peso que tiene, la liviandad que maneja en relación a otros materiales que son mucho más pesados. Son procedimientos que te permiten achicar un edificio, agrandarlo o cambiarle la materialidad y meterlo dentro de una sala de museo para convertirlo en otra cosa. 

 

—Los materiales también interpelan, hay algo que resulta muy familiar cuando vemos tus obras.

—Sí, claro, y te hacen pensar en tu background, porque en estas piezas asocias en algún punto lo que estás viendo con algo que ya conoces. Si no te remiten por ejemplo a un par de aros, esas formas brillosas, doradas y redondeadas te van a hacer acordar a las sillas apiladas en la entrada de los hoteles o los carritos que llevan las valijas. También utilizo muchas técnicas del diseño y la fabricación industrial que contribuyen a la verosimilitud de las piezas. Por otro lado, el universo gráfico es algo que me atraviesa desde chiquito, trabajé en la imprenta que fundó mi papá hasta hace muy poco. Eso también tiene influencia en mi lenguaje, como se puede ver en la representación plana de las ventanas o el velocímetro que se encuentra actualmente en la muestra Terciopelo Club en el Museo de Arte Moderno. 

 

—¿Qué le aportó el pop a tu obra?

—Creo que el pop me abrió un universo de exploración, y me acercó al lenguaje de la publicidad, el consumo, la exageración y la mezcla de cosas. En 2018 empecé a trabajar con la galería Calvaresi y ese encuentro fue muy significativo para mi carrera porque me permitieron explorar con otros materiales que nunca había utilizado como alfombras y distintos tipos de maderas. Además me dieron la posibilidad de desarrollar el lápiz de labio en forma de edificio marplatense y los grandes copones que se vieron en arteba y Lollapalooza. Tuvimos un match muy groso y aprendí a divertirme y arriesgarme más. En el 2019 incluí una alfombra amarilla en el piso y gris en las paredes, había que ingresar descalzo y era una experiencia envolvente. La alfombra insonorizaba el espacio, y le sumó una experiencia táctil. El color cálido creaba un ambiente agradable y relajante. Recientemente con el apoyo de la galería desarrollé un mueble bar que remite al edificio de la Ciccone, un estilo modernista pretencioso que era muy común en los 90 en Mar del Plata. 

 

—¿Y sobre el arte latinoamericano? ¿Sentís que formas parte de esta tradición?

—Soy marplatense, vivo en Argentina y muchas de las referencias que tengo en la historia y los tratamientos de las formas las comparto con otros países del continente. Un amigo que vivió mucho tiempo en Los Ángeles me dijo que algunos trabajos de mi obra le hacen acordar a California, que guarda relación con Mar del Plata por la costa. En ese sentido mi obra se acerca al lenguaje caribeño, que está muy presente en el arte latinoamericano.

 

 

 

 

 

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