Mezcla de pintura histórica llevada al cine, la instalación de la artista neozelandesa desmantela el artificio decorativo de la narrativa francesa, para contar la historia con ojos maoríes.
Su obra resume una investigación en el origen del boxeo como práctica entre traficantes de esclavos. Una pinacoteca de ancestros africanos obligados a pelear en el circo de la colonización.